Hotel El Rodat, relax y experiencia gastronómica en Jávea.

El Hotel El Rodat es un hotel con encanto situado en Jávea, pueblo costero de la Comunidad Valenciana, entre Denia y Moraira, en la provincia de Alicante.

Ya estuve en este hotel con mi marido hace unos años, y en esta ocasión fuimos con motivo de San Valentín con un pack que ofrecía circuito spa y cena degustación con maridaje de vinos.

Como fue una buena experiencia, os voy a contar un poco más de este maravilloso hotel para que os animéis a sorprender a vuestras parejas.

El hotel

Este hotel está situado en medio de una montaña y rodeado de urbanizaciones de chalets, por lo que si no vas con el GPS activado, probablemente pases delante de él sin darte cuenta.

Respetando el entorno, este hotel consta de 42 habitaciones distribuidas en 4 gran suite, 30 junior suite y 8 habitaciones dobles. Todas ellas son como pequeños apartamentos y con unas vistas espectaculares.

Vistas desde la habitación. Hotel El Rodat, Jávea.

Las habitaciones son preciosas y muy acogedoras. Destacar el dosel de la cama que le da un toque muy  íntimo y romántico.

Junior Suite del Hotel El Rodat.

El Spa

El spa del hotel no es muy grande pero está muy bien cuidado. El ambiente es relajante debido a la luz y el olor que te invade nada más entrar llenándote de una paz y tranquilidad que te ayudan a disfrutar del circuito.

Entrada del spa.

 

Piscina del spa del Hotel El Rodat.

Los masajes son muy buenos, aunque esta vez no nos hicimos ninguno, la anterior vez pudimos disfrutar de dos masajes relajantes que , después del circuito te dejan flotando en una nube.

Experiencia gastronómica

El hotel ofrecía una cena degustación de la mano del chef Nazario Cano con una estrella michelín.

Este chef representa la interpretación de la cocina valenciana combinando perfectamente tradición y futuro.

El menú constaba de un entrante más cinco platos y un postre. Cada plato se servía en un plato de diferente, era explicado por los camareros y también te aconsejaban como comerlo.

En cuanto a la bebida, empezamos con un cava, para dar paso a un vino blanco y, a mitad de cena cambiar a otro vino blanco para terminar con un Pedro Ximenez. Al igual que con los platos, cada copa servida era explicada por el sumiller de modo que te ayudaba a saborear mejor la copa.

Ahora es cuando os pongo las fotos para hacer un poco los dientes largos a los que estáis leyendo este post. No hay mucho que explicar puesto que los nombres de los platos hablaban por sí solos.

Entrante con fósil de anchoa.

Pescadilla encurtida en pil pil frío de sus cabezas.

Quisquilla, sopa de zanahoria y ají amarillo y puntos de coral.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todos los platos estaban exquisitos pero a mí, el sabor de la quisquilla me dejó impresionada que, junto con la sopa hacían una combinación perfecta.

Cococha, migas de mar y velouté de té.

El siguiente plato era un trampantojo muy bien elaborado y con un gran sabor.

La cebolleta que quería ser calamar.

Lubina, cremoso de ostra y falsa espardeña de calamar con jugo de sus interiores.

Lo que más nos sorprendió en sentido positivo fue el postre:

Milhojas de berenjena y limón con tofee de sus pieles.

Ya se lo que estáis pensando: ” Con esas raciones tan pequeñas yo me quedaría con hambre”. Eso mismo pensamos mi marido y yo, pero no, acabas el menú con una buena sensación tanto por la calidad de la comida como por la cantidad.

Imagino que os han entrado ganas de ir un fin de semana, ¿verdad?.

Si habéis ido me podéis contar que os ha parecido. A mí y a mi marido nos encanta este hotel, tanto por su ubicación, como por el trato del personal que es inmejorable, como por la calidad del restaurante que es excelente.

 

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